Saber escoger y aplicar el colorete puede convertirse en tu herramienta de belleza más útil. Atendiendo a cuatro factores: el tono de nuestra piel, la forma de nuestra cara, la textura del colorete y al modo de aplicarlo, podemos lograr grandes resultados.
Escoger un colorete o blush es una tarea ardua. Lo primero es elegir la textura. Para ello debemos tener en cuenta nuestro tipo de piel.
Nos encontramos con el clásico colorete en polvo, los tenemos en crema, en mousse, e incluso líquidos - como el Pink your Cheeks de Origins-.
Lo más comunes son los polvos, adecuados para todo tipos de pieles pero más ideales para mixtas y grasas. Sencillos de aplicar con una buena brocha de colorete, que nos dará juego a marcar los rasgos que queramos acentuar.
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En cuanto a texturas más solidas idóneas para las pieles más secas, tenemos las mousses: con textura más hidratante hace que se apliquen con mayor comodidad con la yema de los dedos sobre cualquier maquillaje; mientras que las cremas resultan más difíciles de distribuir porque se adhieren con rapidez a la piel y cuesta más difuminar el producto.
En cuanto a la aplicación por un lado nuestras herramientas principales son las brochas. Una buena brocha facilita nuestro trabajo y obtendremos mejores resultados. Pero si eres de las que prefiere guiarse por el tacto, aplícalo con la yema de los dedos –en concreto la del anular porque es la más suave-. Por otro lado está la técnica. Dependiendo de la forma de nuestra cara y de los resultados que busquemos se hará de una manera u otra.
Si nuestro rostro es alargado, usaremos el colorete de manera horizontal, desde el centro de la mejilla hasta la oreja para cortar la verticalidad del rostro.
Cuando nuestra cara es delgada, el colorete hemos de aplicarlo en el centro de la mejilla y de manera circular. Así conseguiremos endulzar nuestros rasgos.
Las caras redondas usarán el blush de manera vertical, trazando una línea imaginaria desde la comisura del labio hasta la sien y empezaremos a aplicar el color desde la mitad de la mejilla hacia fuera.
Finalmente para elegir el tono adecuado podemos seguir las pautas de los maquilladores: tonos suaves para el día - durazno, salmón, rosado y tostado suave- para la noche, buenas opciones son los tonos terrosos más intensos, como el cobre, el terracota y los marrones.
Pero en realidad podemos simplemente atender al tono que adoptan nuestras mejillas cuando nos ruborizamos o cuando nos fatigamos. Este será el ideal para conseguir un look natural, un aspecto saludable, el conocido efecto “buena cara”. Éste look es todo un éxito, hasta da nombre a varios productos. El más peculiar es el tono Orgasm, de Múltiple de NARS. Un producto multiusos en barra –colorete, sombra, iluminador, barra de labios- cuyo nombre quiere sugerir que aportará a tus mejillas un tono sonrosado ¡cual momento de pasión!




























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